9 culturas que le dieron un lugar al tercer género y al amor entre iguales, mucho antes de que existiera la palabra “LGBT”.
Antes de empezar
Hoy escuchas por todos lados que la diversidad de género es “una moda”, “un invento de Occidente” o una “ideología” nueva. La historia dice exactamente lo contrario.
En casi todos los continentes hubo sociedades que reconocían un tercer género, o el amor entre personas del mismo sexo, como algo normal, útil e incluso sagrado. No eran la excepción rara, escondida en un rincón: muchas veces eran parte del orden social, del ritual y de la vida familiar.
Lo que cambió no fue la gente. Fue la ley. Sobre todo la ley que llegó con la colonización europea, que criminalizó prácticas que muchas culturas locales aceptaban desde hacía siglos.
Una aclaración honesta: ninguna de estas culturas era un paraíso perfecto, y varias también tenían jerarquías o reglas estrictas. El punto no es idealizar. El punto es que la persecución legal moderna casi nunca nació de esas tradiciones: llegó de afuera. Al final te dejo todas las fuentes para que lo revises con tus propios ojos.
1. Two-Spirit · Estados Unidos y Canadá
Más de 130 pueblos indígenas de lo que hoy es Estados Unidos y Canadá reconocían a personas que no encajaban en “hombre” o “mujer”: un tercer y hasta un cuarto género. No estaban al margen; muchas veces eran líderes espirituales, sanadores, casamenteros y mediadores entre familias.
Cada nación tenía su propia palabra: nádleeh entre los diné (navajo), lhamana entre los zuni, winkte entre los lakota. El término “Two-Spirit” es reciente: lo acuñaron activistas indígenas en 1990, en una conferencia en Winnipeg, para tener un paraguas común y dejar atrás la palabra colonial “berdache”.
Una de las más famosas fue We’wha, una lhamana zuni tan respetada que en 1886 viajó a Washington como representante de su pueblo. Con la conquista y las políticas de asimilación, el gobierno confinó a estas naciones en reservas, prohibió sus ceremonias y matrimonios, y empujó a estas personas a la clandestinidad.
2. Las hijras · India
Las hijras son un tercer género con raíces antiquísimas en el sur de Asia. Aparecen en epopeyas como el Ramayana y el Mahabharata, y durante siglos tuvieron un lugar reconocido: bendecían nacimientos y bodas, y en la corte mogol algunas ocuparon cargos de confianza.
En 1860, el Imperio Británico impuso el Código Penal de la India, cuya Sección 377 castigaba el “coito contra el orden de la naturaleza”. Y en 1871 fue más lejos: la Ley de Tribus Criminales clasificó a las hijras como una “tribu criminal”, es decir, criminales por el simple hecho de existir. Tenían que registrarse y podían ser arrestadas por vestirse como querían.
La herida fue larga. India solo reconoció legalmente el tercer género en 2014, y apenas en 2018 despenalizó las relaciones entre personas del mismo sexo, al declarar por fin que la Sección 377 era una herencia colonial que violaba derechos básicos.
3. Las muxes · México
En el Istmo de Tehuantepec (Oaxaca), el pueblo zapoteco reconoce a las muxes: personas asignadas hombre al nacer que viven un rol femenino o mixto. Lejos de ser un estigma, en muchas familias tener una muxe se vive como una bendición, y ellas tienen un papel central en fiestas, bordados y en el cuidado de los padres.
Con la conquista llegó otra cosa: la Inquisición trajo el concepto del “pecado nefando” y persiguió con castigos y hogueras a quienes acusaba de sodomía. La idea de que la diversidad era un delito no era zapoteca; era europea.
Lo notable es que la tradición sobrevivió. Hoy las muxes siguen ahí, con sus velas, sus fiestas y su lugar propio en la cultura del Istmo.
Nota: la continuidad exacta desde la época precolonial se debate entre especialistas, pero el rol contemporáneo está muy bien documentado.
4. Las fa’afafine · Samoa
En Samoa, fa’afafine significa literalmente “al modo de las mujeres”. Son personas criadas en un rol femenino que, tradicionalmente, han sido un pilar de la familia y de la comunidad: cuidan a los mayores, sostienen la casa, enseñan.
El problema llegó con la administración colonial. Bajo influencia británica se penalizó “hacerse pasar por mujer”, y esa norma persiguió a las fa’afafine durante décadas. Samoa solo la derogó en 2013.
Hoy las fa’afafine son una parte visible y orgullosa de la sociedad samoana, y una prueba de que el “tercer género” no es una idea importada, sino algo que muchas culturas del Pacífico ya tenían.
5. Bissu y los cinco géneros · Indonesia
El pueblo bugis, en la isla de Célebes (Sulawesi), reconoce desde hace siglos no dos, sino cinco géneros: makkunrai (mujer), oroané (hombre), calabai, calalai y los bissu.
Los bissu eran los más especiales: sacerdotes que reunían lo masculino y lo femenino, y por eso se les creía capaces de hablar con los dioses. Bendecían cosechas, protegían a la realeza y participaban en la coronación de los reyes.
El código penal colonial holandés, y más tarde las presiones para “normalizar” el género, empujaron a los bissu al margen. Hoy quedan pocos, pero siguen siendo memoria viva de un sistema donde el género nunca fue solo dos casillas.
6. Nanshoku y onnagata · Japón
En el Japón anterior a la occidentalización, el amor entre hombres tenía nombre y prestigio: nanshoku. Era común y respetado entre samuráis y entre monjes budistas. En el teatro kabuki, los onnagata —hombres que interpretaban papeles femeninos— eran un ideal de belleza admirado por todos.
En 1872, en plena carrera por “modernizarse” al estilo occidental, Japón copió una ley europea y prohibió la “sodomía”. La derogó apenas ocho años después, en 1880. Pero el mensaje ya estaba sembrado: lo que antes era normal, ahora era vergüenza.
Es uno de los casos más claros de cómo el estigma no nació dentro, sino que se importó junto con los códigos legales de Occidente.
7. Māhū y aikāne · Hawái
En Hawái, māhū nombraba a personas de un tercer género que reunían lo masculino y lo femenino. No estaban al margen: eran guardianas del conocimiento, la danza (hula), los cantos y la sanación. Y las relaciones entre personas del mismo sexo, llamadas aikāne, eran comunes e incluso valoradas, también entre jefes y nobles.
Todo cambió con los misioneros y la ley. El Código Penal de 1850 criminalizó la “sodomía” con hasta veinte años de trabajos forzados. En pocas décadas, una cultura que celebraba la fluidez pasó a esconderla.
Hoy māhū es de nuevo una identidad que se reivindica con orgullo en Hawái.
8. Los Azande · Congo y Sudán
Entre los azande de África central, antes de la colonización existían uniones reconocidas entre guerreros y jóvenes. No eran clandestinas: había dote de por medio y estaban reguladas socialmente, como parte de la vida militar. El antropólogo Evans-Pritchard las documentó en detalle.
Cuando ingleses y belgas se repartieron el territorio, trajeron sus leyes y criminalizaron estas prácticas como “indecencia grave”. Otra vez, lo que era parte del orden social se volvió delito por decreto extranjero.
9. Los qariwarmi · Imperio inca
En el mundo andino existían los qariwarmi (literalmente “hombre-mujer”): personas de un tercer género que vestían ropa mixta y oficiaban como chamanes, conectando lo terrenal con lo sagrado. Se les asociaba con Chuqui Chinchay, una deidad de doble naturaleza.
Con la conquista española, todo eso fue perseguido. Las campañas de “extirpación de idolatrías” destruyeron templos y castigaron sus rituales, y la “sodomía” pasó a castigarse con la muerte. La diversidad andina no desapareció sola: la borraron.
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Si en tantos lugares esto era normal o sagrado, ¿de dónde salió la persecución? La respuesta corta: de la ley. Y sobre todo, de la ley colonial.
países todavía criminalizan ser LGBT. Más de la mitad heredaron esa ley del Imperio Británico.
Fuente: Human Dignity Trust, 2025El contraste es brutal. Francia despenalizó las relaciones consentidas entre personas del mismo sexo en 1791. Gran Bretaña, en cambio, fue la más “prolífica” en exportar la prohibición: su Sección 377 de la India (1860) se convirtió en el molde que se copió en decenas de colonias.
Por eso hoy buena parte de las leyes que castigan a las personas LGBT en África, Asia, el Caribe y partes de América Latina son, literalmente, herencia de un código penal europeo. No de las tradiciones que dicen defender.
Y así el argumento se cae solo. Lo que muchos llaman hoy “ideología de género” fue, durante siglos, parte de la vida de pueblos enteros. Lo que de verdad llegó de afuera, lo realmente nuevo, fue el castigo.
Ojo: esto no significa que toda tradición fuera perfecta, ni que la religión no jugara un papel: los códigos cristianos e islámicos también pesaron. Pero la maquinaria legal que convirtió la diversidad en delito fue, en gran medida, colonial.
La diversidad es vieja. El castigo es lo nuevo.
Saber esto no es un detalle. Es entender que muchas de las “tradiciones” que hoy se defienden con tanta fuerza son, en realidad, leyes importadas hace apenas un par de siglos. Y que darles un lugar a las personas diversas no es romper la historia: es, en muchos sentidos, volver a ella.
Fuentes
Datos legales y colonialismo
- Human Dignity Trust, 2025. Mapa y comunicados sobre criminalización de personas LGBT en el mundo.
- Human Rights Watch, 2008. This Alien Legacy: The Origins of “Sodomy” Laws in British Colonialism.
Por cultura
- Two-Spirit: Will Roscoe, Changing Ones y The Zuni Man-Woman.
- Hijras: Serena Nanda, Neither Man nor Woman: The Hijras of India; Jessica Hinchy, Governing Gender and Sexuality in Colonial India (Cambridge University Press); Human Dignity Trust.
- Bissu / bugis: Sharyn Graham Davies, Gender Diversity in Indonesia: Sexuality, Islam and Queer Selves.
- Azande: E. E. Evans-Pritchard, “Sexual Inversion among the Azande”, American Anthropologist, 1970.
- Qariwarmi / Andes: Michael Horswell, Decolonizing the Sodomite: Queer Tropes of Sexuality in Colonial Andean Culture.
- Muxes, fa’afafine, māhū, nanshoku: literatura etnográfica y reportería de medios internacionales (Reuters, BBC) para las fechas de despenalización.
Todas las cifras se presentan como rangos o datos verificados con al menos dos fuentes. Cuando algo es materia de debate académico, se indica en el texto.
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